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3 cosas que debes saber para que las excusas no arruinen tu vida

Por Phrònesis
3 cosas que debes saber para que las excusas no dañen tu vida

En ocasiones, esperamos ansiosamente la llegada de algo que no sabemos si vendrá. Una llamada importante donde oír lo que nunca se dijo, el nacimiento de un amor o el olvido atropellado de otro, una señal mágica para arriesgarnos a dar “el paso” o, a veces, para convencernos de no darlo. Se espera el cambio de estación para hacer aquello que siempre quisimos, o bien un motivo para sonreír, para viajar…

Un cierto derecho a la vida.

Las excusas son la afrenta que el miedo le planta a la incertidumbre. Son asesinas de la esperanza, enemigas del aprendizaje y detractoras de la felicidad. Aun así, recurrir a ellas en momentos de extraña necesidad es un hábito común, y con frecuencia hallamos de ese modo una solución desesperada ante la duda, el remordimiento, las palabras afiladas y los malos tratos.

Con las excusas ocurre algo curioso, y es que parecen colgar de puentes distintos. Por un lado, acudimos a ellas para escudar el hábito de no poner suficiente empeño en las cosas, de aplazar olímpicamente los planes urgentes y escabullirnos de la obligación y los compromisos. Sin embargo, la costumbre de inventar excusas también cumple otra función.

Puede que el deseo de triunfar y sentirnos orgullos de la vida que llevamos solo pueda compararse con el pánico que sentimos al fracaso y la decepción. Por lo general, la antesala de todo momento decisivo se acompaña de dosis de intensa duda en nosotros mismos. Poco existe que aterre tanto como el miedo a la incertidumbre, y la excusa es un disfraz que nos permite ocultarnos de él desplazando la responsabilidad por el resultado de nuestros actos, de manera que, si fallamos, el fallo encierra la consecuencia de “no haber tenido tiempo”, “no haberlo dicho en serio” o, a fin de cuentas, “no haberlo querido de verdad”.

Nos envejece más la cobardía que el tiempo. Los años solo arrugan la piel, pero el miedo arruga el alma.

(Facundo Cabral).

Refugiarnos en la excusa nos arrebata la oportunidad de crecer

Un estudio dirigido por el psicólogo Sean McCrea destaca la diferencia entre una explicación y una excusa, y esta consiste en que, a diferencia de las explicaciones, las excusas nos afectan negativamente por tres razones fundamentales:

  • Hacen que culpemos a los demás de lo que nos pasa en lugar de asumir y reconocer el poder que tenemos sobre el rumbo que toma nuestra vida.  
  • Nos engañan al hacernos creer que los malos resultados no son “tan malos”, y esto nos impide ser mejores.
  • Hacen que esperemos muy poco de nosotros mismos y de los demás, por lo que nuestras expectativas a futuro tienden a ser mediocres.

Llena tu vida de acción. No esperes que suceda, haz que suceda. Construye tu futuro. Crea tu esperanza. Crea tu amor.

(Bradley Whitford).

Para Tyler Tervooren, fundador de la web Riskology.co dedicada a la difusión de estrategias de liderazgo, el problema con las excusas es que son una medida de externalización. El origen de nuestras desgracias, equivocaciones y desenfrenos se sitúa en un agente externo, una especie de intruso que sabotea nuestras vidas y nos impide hacer las cosas bien. Esta creencia no solo consiste, por sí misma, en un auto-saboteo, sino que además nos priva de la oportunidad de preguntarnos qué pudimos haber hecho distinto, ya que nos convencemos de haber hecho todo tal y como debió ser.

La peor excusa no es la historia ficticia que justifica el haber llegado a deshoras a un lugar, sino aquella a través de la cual pretendemos excusarnos por haber llegado tarde a la vida. O en el peor de los casos, por no haber llegado.

Puede que no recordar lo suficiente, que un día moriremos… sea la razón por la cual nos olvidamos de vivir. Parecemos aguardar con desespero un motivo para hacer o deshacer, para irnos o quedarnos, y aquello hace de nuestra vida un discurso interminable plagado de confusión y arrepentimiento.

Nos arrebatamos el derecho a la acción bajo la piel marchita del “No puedo”, “No tengo tiempo”, “Estoy ocupado” e incluso: “Lo haré cuando sea el momento”… Pero ese momento perfecto, esa idea fantasiosa de un instante de gracia por el cual hemos de esperar como se esperaría la primavera en un campo sin flores, únicamente nos empuja a malgastar nuestra vida bajo la ilusión de algo que no vendrá porque, al menos que aunamos esfuerzos en cultivar nuestro propio jardín, la primavera con la que tanto soñamos no existe ni existirá nunca.


Referencias:
Tervooren, T. (2015). Making Excuses: Two Tales Of Extreme Hardship Illustrate The Science Of Success (And How To Emulate It) – Riskology.Riskology. Retrieved 20 March 2016, from http://www.riskology.co/making-excuses/
Self-Handicapping: Why Making Excuses Hurts You – PsyBlog. (2011). PsyBlog. Retrieved 20 March 2016, from http://www.spring.org.uk/2011/11/self-handicapping-why-making-excuses-hurts-you.php

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